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4 sept. 2010

SER DE DERECHA O IZQUIERDA

ACTITUDES POLÍTICAS EN LA FRANCIA REVOLUCIONARIA

En estos años, en que nace la terminología de derechas e izquierdas -por el lugar que ocupaban los miembros de la Asamblea Constituyente respecto a la presidencia-, entre las principales actitudes políticas cabe distinguir las siguientes:
En lo que hoy llamaríamos la extrema derecha (no representada en la Asamblea), los emigrados, es decir, los nobles intransigentes que huyeron al extranjero para combatir la Revolución y tratar de restaurar la monarquía absoluta del Antiguo Régimen. Los peones de la contrarrevolución fueron los campesinos monárquicos de la Vendée y de las regiones del Noroeste, estos últimos llamados chuanes por el apodo de uno de sus jefes, Jean Cottereau, quien usaba como contraseña el grito del búho (chat-huant, de donde la palabra chouan). Vendeanos y chuanes, mandados por aristócratas fuera de la ley, enardecidos por sus "rectores", que predicaban la "guerra santa", y sostenidos por la ayuda inglesa, tuvieron en jaque a la República durante largos años.
En la derecha, los fuldenses, grupo de moderados partidarios de la monarquía constitucional, tan opuestos al Antiguo Régimen como a la democracia. Su nombre procede del antiguo convento de los feuillants, en el que fundaron un club político en julio de 1791 al separarse de los jacobinos; sus principales representantes, como La Fayette, Barnave y Bailly, fueron muy pronto desbordados por los acontecimientos y no tardaron en desaparecer de la escena política.
Inicialmente a la izquierda, aunque luego cada vez más inclinados hacia posiciones derechistas, los girondinos, así llamados porque la mayoría de sus miembros originariamente procedían de la zona de la Gironda, en el sur de Francia; representaban a la pequeña burguesía ilustrada, aunque con numerosas conexiones con la alta burguesía y el mundo de las finanzas. En 1792, sus hombres ocuparon el poder después de haber atacado con violencia la institución monárquica, pero tras la caída de Luis XVI, cada vez más asustados por la marcha de la Revolución, su carácter moderado se fue acentuando progresivamente, hasta que en la primavera de 1793, en un choque decisivo con los jacobinos, fueron aniquilados.
A la izquierda, los jacobinos propiamente dichos o montañeses. Se trataba en un principio de un club que desde octubre de 1789 celebraba sus reuniones en el refectorio de un antiguo convento de dominicos (jacobins), agrupando ideologías muy dispares; sin embargo, la radicalización de su clima político motivó que se separaran de él los más moderados -primero los fuldenses y luego los girondinos-, y a partir de fines de 1792 se convirtió en un grupo puramente montañés; se llamaba montañeses a los miembros de la Convención que se sentaban en la parte más alta de la gradería, la "Montaña", y que formaban la izquierda de la asamblea. Sus jefes, entre los que figuran los revolucionarios más famosos, como Maximilien Robespierre, Jean-Paul Marat, Georges-Jacques Danton, Camille Desmoulins y Louis Antoine León de Saint-Just, representaban las actitudes más enérgicas y violentas, como portavoces de la pequeña burguesía y de los medios populares. Después de triunfar sobre los girondinos (junio de 1793), organizaron el gobierno llamado del Terror hasta ser abatidos en 1794 por la reacción termidoriana, una auténtica conspiración que el 27 de julio de ese año (el 9 de termidor según el calendario republicano) acabaría con la vida de Robespierre y Saint-Just junto a un centenar de seguidores.
El ala extremista del jacobinismo la constituían los cordeleros o cordeliers, club abierto en 1790 en un antiguo convento de cordeleros o franciscanos; se nutrían fundamentalmente de artesanos y obreros de los suburbios, contaron con figuras de la talla de Marat, Danton y Jacques René Hébert y tuvieron una importante participación en todas las grandes jornadas revolucionarias. Todavía más a la izquierda estaban los llamados rabiosos (enragés), dirigidos por un antiguo sacerdote, Jaques Roux, apodado "el predicador de los sans-culottes". Las audaces medidas económico-sociales motivaron que fueran considerados peligrosos por Robespierre y sus amigos, quienes les hicieron detener en diciembre de 1793.
Las fuerzas de choque del movimiento revolucionario fueron los sans-culottes, que a lo largo de tres años, de 1792 a 1795, impulsaron los grandes cambios que se producían en el país. Su nombre de "sin calzones" fue el mote que los aristócratas daban a los revolucionarios por haber abandonado el calzón, prenda habitual de las clases acomodadas, y haberlo sustituido por pantalones de buriel a listas. Constituían un grupo social bastante heterogéneo, en la que no siempre predominaban las clases más bajas de la población, lo que hoy llamaríamos "proletariados", sino que comprendía también numerosos artesanos, pequeños tenderos y trabajadores independientes.
El papel activo de los sans-culottes y de las diversas facciones revolucionarias terminó con la subida al poder de los termidorianos (Tallien, Fouché, Barras), todos ellos antiguos "terroristas", que pusieron fin a la democracia autoritaria haciendo marcha atrás y estabilizando la Revolución en la fase que les convenía. Pero todavía en estos años surgió otro grupo extremista, el de François Nöel Babeuf -llamado Gracchus Babeuf- y sus amigos (Darthé, Buonarroti, Barère), de tendencias "comunistas", que preconizaba la abolición del derecho de propiedad; el propósito inicial de la "conjuración de los Iguales" era derribar al gobierno, pero uno de los conjurados, Grisel, les traicionó. El 10 de mayo de 1796 fueron detenidos y Babeuf y Darthé murieron en la guillotina. Un superviviente del complot, el italiano Buonarroti, publicó en 1826 una famosa historia de esta abortada conjura.

Imagen: Sans-culottes
Fuente: Historia Universal. Tomo 16. El impacto de la Revolución francesa. La Nación. Editorial Salvat.

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