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19 jun. 2010

LOS SECTORES POPULARES Y LA REVOLUCIÓN RIOPLATENSE SEGÚN DI MEGLIO

El día 17 de junio en la Universidad Nacional de Luján de la Provincia de Buenos Aires, la División de Historia a cargo de Bibiana Andreucci, organizó un panel con motivo de la conmemoración del Bicentenario titulado "Los sectores populares y la revolución rioplatense", con la participación de Gabriel Di Meglio, Gustavo Paz y Raúl Fradkin.

Paz abordó la temática desde la región Norte de nuestro país, mientras que Fradkin lo hizo desde el Litoral y Di Meglio en relación a la sociedad porteña y la campaña.

A continuación exponemos la charla desde la óptica de Gabriel Di Meglio:

Todos sabemos que la Revolución de Mayo comienza en 1810 pero no sabemos cuándo termina. Su finalización depende de la temática abordada y de la óptica de quien la describe. Lo cierto es que todos coinciden en que los primeros diez años fueron de suma importancia para la causa revolucionaria porque es allí donde se dan las "Guerras de Independencia".
En todo este proceso surge en escena un sector social acallado desde tiempos remotos que son los sectores populares. No tenemos en la historia colonial antecedentes de manifestaciones públicas de la plebe de gran importancia y menos aún en la política. Pero a partir de Mayo de 1810 esta situación comienza a revertirse y el bajo pueblo comienza a formar parte de la escena política.
Sin embargo, sí podemos encontrar un antecedente inmediato durante la Primera Invasión Inglesa. Según Di Meglio, Halperin Donghi ya había manifestados en muchas oportunidades la importancia de la conformación de las milicias durante la defensa de la ciudad de Buenos Aires ante los ataques británicos.
Aunque la milicia existía desde hacía ya mucho tiempo, va a sufrir durante las Invasiones un cambio cualitativo y cuantitativo en su composición. Prácticamente de los 40.000 habitantes de Buenos Aires, el 20 por ciento formaba parte de las milicias, ya que comienza a incluir a toda la población masculina de aquel entonces, entre ellos, a los habitantes de la campaña bonaerense.
Entonces junto con la militarización de los vecinos de Buenos Aires comienza la participación política y pública de los sectores populares armados.
Otro elemento a tener en cuenta, es que los movimientos del pueblo comienzan a repetirse en un sitio muy especial: la Plaza de Buenos Aires, posteriormente conocida como Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo). Esto queda demostrado en la manifestación que se realiza para convocar a un Cabildo Abierto que exijía la renuncia del virrey Sobremonte considerado un cobarde por los habitantes de Buenos Aires debido a su huida hacia Córdoba durante el desembarco Inglés.
Se inaugura así una práctica que va a tener una larga trayectoria en nuestro país que es la Movilización a la Plaza de Mayo.
Es importante tener en cuenta que estas primeras experiencias se van a repetir en 1809, cuando los milicianos, especialmente el Regimiento de Patricios, exige la renuncia del virrey Liniers que era francés y que ejercía su cargo en el momento en el que Napoleón había invadido España desde 1808.
Entonces, los sectores populares llegan a la Revolución de Mayo con algunas experiencias efímeras pero de gran importancia.
La cuestión central es que durante los acontecimiento de Mayo de 1810, el bajo pueblo, es decir, todos aquellos grupos ajenos a la elite, no participa de manera determinante en la causa revolucionaria. Las fuentes no indican en ningún caso la participación masiva de la población.
Sin embargo, en el petitotrio del 24 de mayo que dará lugar a la formación de la Primera Junta de Gobierno el día 25 de mayo, están las firmas de quienes colaboraron en la formulación del mismo. Lo que se sabe es que el papel circuló por varias manos por las diferentes marcas de agua que dejaron sobre él, y existe dos firmas que son de gran importancia para comprender el vínculo con los sectores populares de aquellas jornadas de mayo... Éstas son las de French y Beruti (agitadores del momento) que dicen... "firmo por mí y por seiscientos más". Sabemos que en política los números se inflan bastante, pero es muy provable que los "agitadores" representaran a un grupo considerable de personas de bajos recursos.
A pesar de lo dicho anteriormente, la elite porteña no destaca en ningún momento que la participación popular sea un elemento a tener en cuenta en 1810, pero sí lo va a manifestar con gran preocupación años más tarde cuando el "pueblo" gane protagonismo.
Comienza a destacarse en aquellos años el Regimiento de Patricios. La tropa estaba compuesta por jornaleros y peones que representaban a lo más bajo del pueblo. Se llamaban así porque comprendían a los integrantes de la Patria, entendida ésta a Buenos Aires, ya que el sentimiento local estaba por encima de cualquier otro sentido de pertenencia. La Nación todavía no existía.
Si hasta la Revolución de Mayo la participación popular no fue decisiva, sí va a serlo a partir de su comienzo.
Poco tiempo pasó para que la Primera Junta de Gobierno comenzara a dividirse entre los Morenistas (radicales) y Saavedristas (moderados) en cuanto al sentido y continuación de la Revolución.
La cuestión esencial es... ¿cómo se resuelve un conflicto político cuando no hay una instancia superior para resolverlos?
Mientras los lazos con Europa se mantenían fuertes, los conflictos se resolvían -usando un anacronismo- haciendo lobby con España. Pero ahora que esos vínculos están rotos... ¿cómo se zanjan los conflictos?
Un grupo de la elite porteña consideró que la solución era mirar hacia abajo, es decir, hacia los sectores populares.
Comienza a ganar protagonismo las manifestaciones callejeras, como lo demuestra una movilización de sectores de los suburbios y de la campaña bonaerense en abril de 1811 donde se reclama una serie de medidas por medio de un petitorio, que no se firma porque la gente de poncho y chiripá era analfabeta. Una aclaración a lo antedicho es necesaria: en una sociedad preindustrial como la de Buenos Aires la ropa era muy cara. Entonces ésta marcaba claramente el estrato social al que cada uno de los habitantes pertenecía. Hay una pintura muy conocida de un británico en la que aparecen tres personas abrazadas durante las jornadas de mayo en la Plaza, una de ellas con levita y galera que represente a la elite porteña, otra de poncho que representa a los sectores más bajos y un artesano vestido con chaleco.
Los pobres en tierras bonaerenses, a veces usaban el poncho y nada debajo del mismo. De ahí proviene la expresión "descamisado" que luego sería utilizado por Perón y que tenía origen muchos años atrás de la Revolución ya que expresaba la situación de pobreza de algunos grupos que no tenían siquiera para comprarse una camisa.
¿Por qué estas personas se movilizaban por primera vez en 1811? La premisa básica del petitorio era: "hechen a los españoles de la ciudad". Esto provenía de un resentimiento del bajo pueblo por la posición social y económica alcanzada por los españoles en la Ciudad Portuaria. Resentimiento que no se había manifestado durante la Semana de Mayo, pero que ahora se potenciaba por el sentimiento de los criollos de que podían conseguir derechos que anteriormente eran imposibles de imaginar.
Lo que quedó como resultado de esta manifestación es la idea de que para que una postura política triunfe es necesario articular los sectores populares con una consigna atrayente para ellos que le de sentido a su accionar.
Ahí se abre una nueva práctica. Como este movimiento es exitoso se va a repetir. El paso al Primer Triunvirato y de ahí al Segundo triunvirato, y de éste al Directorio son ejemplos de la nueva situación social generada en 1810. La fórmula es: plebe en la plaza y tropas sosteniéndolas, triunfo seguro.
También surgen nuevas formas de participación popular. Las Fiestas Cívicas, que comienzan a celebrarse a partir de 1811 para conmemorar la Revolución (luego llamadas Fiestas Mayas). Allí todos los sectores sociales, con sus respectivas distinciones, estaban representados.
Otra nueva forma de participación popular comienza también en 1811, son los levantamientos o motines de tropas en contra de los altos mandos de las milicias. El más conocido de ellos, el Motín de las Trenzas, realizado por el Regimiento de Patricios, en contra de algunas medidas del Gobierno, entre ellas la de convertirlos en un ejército de línea, es decir, profesional. Las milicias únicamente se forman en períodos de enfrentamientos armados y luego se desarman por el simple hecho de que están formadas por vecinos que deben mantener a sus familias por medio del trabajo diario. En cambio, el ejército de línea implicaba abandonar las actividades para convertirse en militares profesionales, ya que era obligatorio y permanente.
En 1814-1815, cuando las Guerras de Independencia se hacen más complicadas, las levas comienzan a ser más fuertes y las voces se levantan en contra de esto. Ha quedado registrado en algunos documentos las quejas de las madres de los milicianos que eran obligados a formar parte del ejército regular.
Este y otros levantamientos se repetirán en varias oportunidade (23 veces) desde 1810 a 1842. Es aquí donde volvemos a la primer pregunta ¿dónde termina la Revolución? No lo savemos, pero comienza a apagarse las manifestaciones populares con la llegada de Rosas que implementa el "Régimen del Terror" en Buenos Aires y la Campaña.
La necesidad de la elite de crear un Orden va a llevar a éstos a negociar de alguna manera con los sectores populares, cosa que puede verse claramente con el Federalismo Rosista. Rosas sabía que no podía gobernar sin el consentimiento de la plebe. Los sectores populares vuelven a escena después de Caseros, pero nunca con la intensidad que lo hizo en los primeros años del proceso revolucionario.

Como conclusión podemos afirmar que es imposible comprender las movimientos populares de la primera mitad del siglo XX si no recurrimos a los sucesos de Mayo y vemos el origen del vínculo poder-pueblo que comienza a formularse a partir de 1810.
Poncho de Juan Manuel de Rosas: Historia Integral de la Argentina. Félix Luna. La Nación. Volumen 1. Fascículo 34. Pág 405.
Miliciano porteño: Historia Integral de la Argentina. Félix Luna. La Nación. Volumen 1. Fascículo 18. Pág 212.

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