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15 jul. 2010

LEY DE GLACIARES - PARTE I

El agua es indispensable para la vida, pero también es indispensable para aquellos que se llenan los bolsillos jugando con la sed y la vida de los demás.
El agua es un recurso estratégico, pues la que consumimos no se encuentra equitativamente distribuida en nuestro planeta. Es un recurso codiciado, por lo anteriormente mencionado, porque es escaso y porque se utiliza para múltiples fines.
Por sobre todas las cosa, es un recurso que no abunda, y aunque es renovable depende de la intensidad del uso que el hombre pueda darle para que lo siga siendo en tiempos humanos. 
Es importante tener en cuenta que quienes, por gracia de la naturaleza, cuentan con este bien tan deseado, generalmente, no cuentan con una Política Ambiental que regule su uso y que cumplan con la premisa básica del Desarrollo Sustentable. ¿Dónde quedó la idea de que debemos consumir los recursos pensando en nuestros hijos y en los hijos de nuestros hijos?
La otra arista de la cuestión es reconocer y descubrir cotidianamente que quienes utilizan nuestros recursos, en consentimiento con nuestras autoridades políticas (que nosotros elegimos democráticamente para que defiendan nuestros intereses y el bien común) son utilizados para satisfacer necesidades individualistas, egoístas y muy alejados de la idea del Hombre como un ser que vive en sociedad.

Esta primera parte que presento sobre la problemática de los Glaciares en Argentina y una posible sanción de Ley para regular las actividades económicas que se desarrollan en la región analizada y que provocan la disminución y/o la contaminación de los mismos, especialmente la minería, tiene como fuente un informe presentada por la Diputada Nacional Fernanda Reyes, de la Coalisión Cívica llamado "La Punta del Iceberg"
Este informe contesta parcialmente la siguiente pregunta, el resto está en manos de nosotros y nuestros representantes.

¿NOS QUEDAMOS SIN AGUA?

Conforme lo señala el Instituto Nacional del Agua, en la Tierra pueden encontrase: i) aguas superficiales: ríos, lagos, humedales y en los pantanos o embalses; ii) agua subterráneas: es el agua de lluvia que se infiltra en el suelo y se almacena en los poros de la tierra. El suelo contiene diversas capas de agua que son llamadas acuíferos, todos estos contienen ciertas cantidades de agua. La capa que consiste principalmente en agua subterránea es llamada la capa de saturación. Cuando cae la lluvia la capa de saturación crece más y como resultado se amplía la capa de agua subterránea.
Cerca del 70% de la superficie de la tierra está cubierta por agua. Se trata de alrededor de un total de 1.400.000.000 km3. (Un km3 agua es igual a un trillón de litros.) Cerca de 3.100 Km3 de agua se pueden encontrar en la atmósfera como vapor de agua. Evaporándose cerca de 280 km3 de agua por día.
Ahora bien, de toda el agua que hay en la tierra, el 97.14% de la cantidad total del agua  superficial, sólo el 2.59% es agua dulce. Asimismo más de 100.000 km3 se almacenan en el suelo y 10.500.000 km3 de agua están almacenados como agua dulce en los lagos, los humedales y las aguas corrientes. La mayoría del de agua dulce se almacena en glaciares y capas de hielo, por lo que se puede concluir que menos del 1% del agua existente sobre la tierra puede ser usada como agua potable.
En la Cumbre Mundial contra el Hambre, desarrollada en Roma en el 2001, se destacó la gravísima escasez de agua potable que padecen 1.500 millones de personas y que podría afectar al doble de esa cantidad en el 2025, y Naciones Unidas advierte que si actualmente el 18% de la población mundial (1.100 millones de personas) no tienen acceso al agua potable, dentro de 20 años más (el 2025) los países con problemas relacionados con ese recurso concentrarán las 2/3 partes de los habitantes del planeta. En la II Cumbre sobre Desarrollo Sustentable de Johannesburgo, a su vez, se trató la escasez de agua potable y sus consecuencias, y se señalaron números que alarman: un quinto de la población mundial (2.400 millones de personas) no tiene acceso al agua potable.
A nivel mundial, la situación es de una gravedad tal que la escasez de agua potable es crítica en España, sur de Italia, Grecia y los Balcanes, parte de Holanda, Alemania, Países Bajos e Inglaterra; el mar de Aral ha visto reducido en un 60% su volumen de agua desde 1960. El lago Chad, compartido por Nigeria, Camerún, Níger y Chad ha pasado de una extensión de 26.000 km.2 en 1963 a 3.000 km.2 en el 2001; en África, a pesar de poseer dos enormes acuíferos, el de Nubia (Sudán) con un volumen de 75.000 kilómetros cúbicos y el del Norte del Sahara con 60.000 kilómetros cúbicos, la situación es gravísima en el norte, parte de Somalía, Eritrea, Etiopía y en el sur del continente; y EE UU tiene el 40% de sus ríos y lagos contaminados.
Un somero análisis de la situación descripta nos alerta sobre la necesidad de avocarnos a la tarea de proteger este bien común, máxime cuando nuestro continente encierra el 47% de las reservas de agua potable de superficie y subterránea del mundo, y el %7,8 del territorio de nuestro país (225 mil km2) es parte de uno de los reservorios de agua subterránea más grandes del mundo con alrededor de 1.190.000 km2: el acuífero guaraní.
En ambos lados de la Cordillera de los Andes, la mayoría de los glaciares están atravesando como consecuencia del Calentamiento Global un proceso de retracción generalizado. El adelgazamiento y la pérdida de sus superficies se han más que duplicado durante la década de los noventa. Así también elevaron los volúmenes de agua que aportan al aumento del nivel del mar, según reveló un estudio realizado con la ayuda de cartografía y radares. Este estudio, publicado en la revista Science de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, advirtió el retroceso, con una aceleración mayor a la prevista de la mayoría de los 63 glaciares que monitorearon en los Campos de Hielo Patagónicos. Nueve de estos glaciares son argentinos y están ubicados en Santa Cruz.
"El retroceso actual de los glaciares es un fenómeno generalizado en los Andes, con la excepción de algunos glaciares, como el Perito Moreno. El retroceso ha sido paulatino durante los últimos cuatro siglos, siendo más intenso desde la década del 70", dijo Ricardo Villalba, director del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales.
Un glaciar es un sistema abierto, con interacciones internas y con el medioambiente; esto le da una dinámica compleja cuya formación obedece a condiciones ambientales únicas y de alta fragilidad. Por ello cualquier acción que se desarrolle sobre los glaciares o en territorios circundantes puede generar una gran vulnerabilidad a los ecosistemas de montaña, poniendo en riesgo a toda la población que se abastece de agua de los glaciares gracias a los deshielos (PNUMA, 2004).
Estos efectos repercuten sobre todo en las regiones áridas del oeste argentino, ya que las actividades agrícolas y económicas son altamente dependientes del recurso agua. En las provincias de Mendoza y San Juan, el agua potable así como aquella empleada para el regadío y la producción de energía eléctrica se origina a partir de la nieve y de los cuerpos de hielo en las altas cumbres de la Cordillera de los Andes.
Dependiendo de las variaciones anuales en la precipitación nívea y la temperatura, los glaciares aumentan su masa en años con grandes nevadas invernales y temperaturas relativamente frescas en verano, mientras que sus volúmenes se reducen en años secos y muy cálidos.
En años de escasa precipitación nival en la Cordillera, los glaciares suministran hasta el 70% de los caudales de los ríos en Mendoza y San Juan, porcentaje que se incrementa hasta el 85% si se considera la contribución de los glaciares cubiertos por detritos y de escombros. Este balance les confiere a las masas de hielo en los Andes Centrales un papel fundamental en la regulación del recurso hídrico. En años particularmente húmedos el agua se acumula en estos cuerpos de hielo para ser entregada posteriormente cuando el recurso agua se torna más escaso.
Los glaciares durante los períodos estivales o de sequía, son las fuentes principales de abastecimiento debido a su respuesta inversa al déficit hídrico, ya que en períodos secos y con menor caída de nieve aflora el hielo más antiguo y sucio, provocando menor reflectancia, con lo cual el glaciar absorbe más energía solar, ocasionando un mayor derretimiento. Al contrario, durante los años en que la nieve caída es mayor, la reflectancia aumenta, disminuyendo la fusión y la escorrentía de agua (Paterson 2001).
Por esta razón es fundamental conocer el área y distribución espacial de los cuerpos de hielo en las diferentes cuencas andinas es imprescindible para toda planificación de las actividades humanas dependiente del recurso agua en el oeste argentino. Está claro que el recurso agua es un bien común escaso y, por lo tanto, su defensa y protección es la defensa y protección de la vida humana.
En este marco, el “problema agua” radica no solo en la escasez de agua potable y la contaminación del bien como tal, sino también en la mercantilización y privatización del recurso por parte de los gobiernos nacionales.
En un marco en donde el mundo ya habla de la “guerra del agua” o la “guerra del oro azul”, en nuestro país Minera Alumbrera obtuvo un permiso de extracción de 1.200 litros de agua por segundo (alrededor de 100 millones de litros por día). 1 Mientras que en el país los grandes núcleos urbanos superan los 200 litros por persona / día, según el Instituto Nacional del agua, que además agrega “llegando en algunos lugares a los 500 litros / día, un verdadero derroche.” Si es un derroche el consumo humano de 500 litros de agua por día, el consumo de Minera Alumbrera que es igual al de 500.000 personas por día es un verdadero saqueo.
A esto hay que agregar que si bien el 83% de la población urbana tiene acceso a agua potable (fuente ENOHSA), dichos porcentajes caen significativamente en zonas urbanas no conectadas a redes y en zonas rurales. En este último caso, solo el 30% de la población rural tiene acceso a sistemas de agua potable por conexión domiciliaria, a lo que se puede agregar el 8% que accede a fuentes de agua potable públicas cercanas.
Y es aquí en donde debemos preguntarnos, lisa y llanamente: ¿Tiene precio la vida humana? La recurrida frase “sin oro podemos vivir, sin agua no”, resume sin tapujos una verdad que incluso en términos mercantilistas es aseverada: el mundo le asigna al “oro azul” la responsabilidad de una futura guerra. Claro está que pretender incurrir en la dicotomía “valor oro vs. valor oro azul” es cuanto menos errado y es parte de una lógica de pensamiento que otorga a la persona el “privilegio” de estar al servio de las cosas. La vida no tiene valor en oro, la vida no tiene precio.
Ahora bien, la minería a gran escala en nuestro país atenta directamente contra la vida humana, y para fundamentar dicha afirmación alcanza sólo con recurrir al argumento del uso y aprovechamiento indiscriminado, irracional, y absolutamente injustificado del bien común agua por parte de las grandes empresas (en general vinculadas al poder que se muestra “sensible y preocupado” por el acceso al agua potable de la población) mineras.
En un mundo en donde se estima que hay unos 12.000 km³ de agua contaminada y en donde los más afectados son los sectores más pobres (el 50% de la población de los países en desarrollo está expuesta al peligro que representan las fuentes de agua contaminadas), nuestro país no puede ni debe, permitir la mercantilización del bien común agua.
En este contexto, en Argentina, entre sólo algunos de los emprendimientos mineros de mayor envergadura como Minera Alumbrera, Pascua Lama, Veladero, Agua Rica, y Cerro Vanguardia, consumen aproximadamente 250 millones de litros por día, es decir, el equivalente al consumo domiciliario de aproximadamente 1 millón de personas en el mismo lapso de tiempo.

Foto: http://www.avatur.com.ar/ (Glaciar Perito Moreno)
Fuente: En formato PDF desde http://www.fernandareyes.com.ar/, sección Informes y Documentos, Minería y Ambiente. Veto a la “Ley de Presupuestos Mínimos ambientales de Protección de los Glaciares y Ambiente Periglacial”.

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